Tras aprobarse la Constitución, se inició un nuevo período
con un gobierno presidido por Manuel Azaña y formado por
republicanos de izquierda y socialistas. En diciembre, Niceto Alcalá
Zamora fue elegido Presidente de la República. El gobierno
republicano-socialista emprendió un amplio programa de reformas en
un contexto económico desfavorable, marcado por el ascenso del paro.
En
primer lugar, se acometieron diversas reformas laborales, iniciadas
desde el Ministerio del Trabajo por el socialista Largo Caballero,
que favorecían la posición de los trabajadores y sindicatos y
encontraron la cerrada oposición de los empresarios. Así
mismo, se llevó a cabo la reforma educativa, realizando un amplio
programa de construcción de escuelas y contratación de maestros:
6750 escuelas y 7000 maestros con mejores salarios; se introdujo la
enseñanza mixta, y la Religión dejó de ser asignatura obligatoria.
También se efectuó una reforma militar: buscando garantizar la
fidelidad del Ejército al nuevo régimen republicano y propiciar la
reducción del excesivo número de jefes y oficiales, se exigió el
juramento de fidelidad al nuevo régimen republicano, pudiendo optar
los que se negaran a ello al retiro voluntario con paga completa. Por
último, de capital importancia fue la reforma agraria: con ella se
buscaba el reasentamiento de campesinos sin tierra en latifundios
insuficientemente explotados. No obstante no se logró su total
aplicación lo cual provocó un decepción generalizada entre el
campesinado en un contexto económico de paro creciente (sigue...)




