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lunes, 9 de septiembre de 2013

Érase una vez en Al-Andalus


Esta historia empezó en el año 711, cuando un ejército musulmán bajo el mando del capitán Tariq Ben Ziad cruzó el Estrecho de Gibraltar desde Tánger como continuación de una serie de “ Futuhat” (conquistas pacíficas) islámicas que se emprendieron después de la muerte del Profeta Muhammad.
La Península Ibérica era un espacio de tinieblas, ignorancia y de injusticia. Era gobernada por un rey godo llamado Rodrigo con un sistema feudal antiguo que disfrutaba por el apoyo de la iglesia, la población no estaba contenta con la situación existente, por eso estaban preparados para ayudar a los musulmanes contra el reino visigodo que estaba sumergido en una crisis política y social provocada por las guerras civiles, las frecuentes sequías y disturbios.
(sigue...)

La vida en un monasterio


Los monjes se levantaban muy temprano, antes de amanecer y, se preparaban para la primera oración del día, las Vigilias. Se leían y cantaban ciertas partes de la Biblia y otros cantos, escritos en latín, la lengua oficial de la Iglesia. Tras ello los monjes se aseaban en las letrinas que tenían muchos monasterios (con agua del río cercano) y se volvía a la iglesia, pues apenas una hora después de Vígilias, empezaban los Laudes (una nueva oración).
Comenzaba entonces realmente el día, con una hora y media para el trabajo, volviéndose a rezar hora y media después.  Hasta la una de la tarde, los monjes se ocupaban entonces del propio huerto (que servía para su autoconsumo) o se encerraban en el scriptorium o biblioteca, lleno de atriles. En esta habitación se copiaban libros prestados por otros monasterios. Los monjes volvían a reunirse para rezar junto en la hora Sexta (en torno a la 13.20), tras la cual iban a comer. La comida también era común, en una habitación llamada refectorio. En ella se colocaban largas mesas en donde los monjes lo hacían en completo silencio, pues uno de ellos (por turno) leía desde el púlpito la Regla o la Biblia. El menú era bastante monótono, aunque sano. Los monjes no se echaban la siesta, sino que volvían de nuevo a rezar conjuntamente en la hora Nona (sobre las tres), para después seguir con su trabajo encomendado. Antes de la nueva oración se reunía toda la comunidad en la llamada Sala Capitular, leyéndose en ella un capítulo de la Regla de San Benito. En esta reunión el abad informaba sobre cuestiones cotidianas, se hacían confesiones públicas de los pecados y se castigaba a los monjes que hubieses cometido alguna falta (faltar a algún rezo, hablar durante la comida, discutir con un hermano…). Tras un rato de tiempo libre en el que los monjes podían charlar, pasear por el claustro, rezar particularmente…, de nuevo a la iglesia para oficiar las Vísperas (19 h), cenar (20 h) y, antes de dormir, volver al rezo en la ceremonia llamada Completas, en la que se pedía protección a Dios ante los peligros de la noche. Los monjes se retiraban entonces al dormitorio.
  • Organiza las partes del monasterio según su función explicando para qué servía cada una de ellas: espacios propios de vivienda; actividades económicas; espacios religiosos; actividades culturales; espacios de atención a los demás.

El feudalismo

Antes de la aparición del feudalismo lo habitual es que existiera un reino con un rey que tiene un poder central absoluto. Su poder se extiende por todo el territorio del reino, el cual está dividido en provincias y lo gobierna por medio de sus funcionarios. Pero en una sociedad rural y poco desarrollada, el rey cada vez tiene menos recursos de dinero, soldados, etc. y le resulta muy difícil gobernar todo el territorio.
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Influencia del paganismo en la fiestas cristianas

Poco después de la muerte y resurrección de Jesucristo, en el proceso de expansión de su Doctrina, a partir del año 80 aproximadamente, las religiones y creencias primitivas de los pueblos que iban aceptando los preceptos cristianos, empiezan a ser integradas en la nueva religión. He aquí algunos ejemplos.
  • La Navidad (25 de diciembre)
    Era conocida en el impero occidental como las fiestas del solsticio de invierno. En él se celebraba el término del acortamiento de las noches y el triunfo del "dios sol", con el alargamiento del día. Fue entre los años 324-325 D. C. cuando se decidió su institución como fiesta cristiana, pasando de conmemorar la llegada del invierno al nacimiento del Salvador.
    (sigue...)

domingo, 8 de septiembre de 2013

Los mestros de la sospecha


Los tres maestros de la sospecha: Marx, Freud y Nietzsche, aunque desde diferentes presupuestos, realizaron una durísima crítica al cristianismo porque consideraron que manipulaba y falseaba la verdad, sometiendo a las personas a la esclavitud. Así, según Marx, la verdad se falsea o se enmascara por intereses económicos, en Freud por la represión del inconsciente y en Nietzsche por el resentimiento del débil. 
 
Según Marx, el cristianismo es “el opio del pueblo” porque le promete que habrá una vida mejor en le más allá, con lo cual se resignan a sufrir todo tipo de explotaciones en esta vida sin hacer nada para acabar con la injusticia. Los ricos someten a los pobres y éstos se limitan a soñar con una vida feliz en el paraíso mientras los ricos creen poder comprar su salvación con sus donaciones a la Iglesia.Las personas, en vez de pensar en la vida en el más allá, deben luchar por transformar la sociedad y hacer un mundo en el que se acaben las diferencias de clases, entre ricos y pobres, y haya justicia
Para Freud, el ser humano está reprimido por el cristianismo ya que éste le impide realizar los instintos sexuales presentes en su naturaleza. De este modo, atado por normas sociales que condenan continuamente el sexo, las personas no se pueden realizar a si mismas y sufren todo tipo de traumas psicológicos.Si el ser humano se liberara de las normas religiosas podría disfrutar más libremente y con más naturalidad, especialmente de la sexualidad, y, en consecuencia, estaría psicológicamente más sano. 
Por último, Nietzsche asegura que el cristianismo premia a los débiles en contra de la ley natural más lógica que es la del dominio del más fuerte y superior. La competencia, la lucha por ser el mejor, es la ley natural del ser humano, que busca triunfar, dominar y tener poder para cumplir sus deseos y así realizarse por completo. En cambio, el cristianismo mata este impulso premiando injustamente a los débiles e inferiores, que no se lo merecen. De este modo, el cristianismo va contra la vida, contra la fuerza vital que hay en el ser humano, anula la potencialidad de los más capaces, de los más fuertes y esforzados, y, en cambio, ensalza a los mediocres y peor dotados. 





Herejías del catolicismo actual


José Ignacio González Faus, jesuita y profesor emérito de Teología en la Facultad de Barcelona, acaba de entregar a la imprenta ‘Herejías del catolicismo actual’, una obra en la que repasa los “desenfoques” que desfiguran el cristianismo. Entre ellos figuran la papolatría, el olvido de los pobres, el clericalismo o el arrinconamiento del Espíritu Santo. González Faus no pretende lanzar acusaciones o denuncias, sino indagar en la tradición cristiana y sus fuentes.
PREGUNTA; Dice usted que en el catolicismo actual los ricos ocupan una preeminencia indiscutible. ¿Cuándo abrazó la Iglesia esta herejía?
RESPUESTA: En la historia los cambios no aparecen de golpe y más si son inconscientes. En el siglo XIII el paso de una economía de trueque a comercial lleva a pensar que los ricos lo son por mérito propio. En el Renacimiento la admiración por la grandeza del hombre lleva a olvidar a los que no parecen tan humanos o tan grandes. En el XVIII, la idea pseudocalvinista de que la riqueza es señal de que Dios te predestina al cielo… El hecho es que, en el siglo XIX un obrero (Claude Corbon) escribe una carta al obispo Dupanloup: “preguntáis por qué el mundo obrero abandona a la Iglesia. Sois vosotros los que nos habéis abandonado a nosotros; pero antes no fue así….” (sigue...)

Celso: El verdadero discurso contra los cristianos


Prefacio
1. Hay una raza nueva de hombres nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, asociados entre sí contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente cubiertos de infamia, pero autoglorificándose con la común execración: son los Cristianos.
Mientras las sociedades autorizadas y organizaciones tradicionales se reúnen abiertamente y a la luz del día, ellos mantienen reuniones secretas e ilícitas para enseñar y practicar sus doctrinas. Se unen entre sí por un compromiso más sagrado que un juramento y así quedan confabulados para conspirar con más seguridad contra las leyes y así resistir más fácilmente a los peligros y a los suplicios que les amenazan (sigue...)

El gnosticismo


El gnosticismo cristiano, pagano en sus raíces, llegó a presentarse como el representante de la tradición cristiana más pura y auténtica. Algunos aspectos comunes de su pensamiento son:
  • Todo lo espiritual es divino, incluyendo la parte espiritual del hombre (el alma). Ya que el alma es divina, no necesitaba a nadie para salvarse a sí misma, siendo Cristo simplemente enviado a revelar esa verdad al alma. Por otra parte, el creador/ordenador de la materia (llamado Demiurgo), al multiplicar con su creación la materia, sería un ser malvado y opuesto al verdadero Ser Supremo del cual surgió (sigue...)

Gaudium et spes


CONSTITUCIÓN PASTORALGAUDIUM ET SPES
SOBRE LA IGLESIA EN EL MUNDO ACTUAL
PROEMIO

 
Unión íntima de la Iglesia con la familia humana universal
1. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia.
Destinatarios de la palabra conciliar
2. Por ello, el Concilio Vaticano II, tras haber profundizado en el misterio de la Iglesia, se dirige ahora no sólo a los hijos de la Iglesia católica y a cuantos invocan a Cristo, sino a todos los hombres, con el deseo de anunciar a todos cómo entiende la presencia y la acción de la Iglesia en el mundo actual.
Tiene pues, ante sí la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme según el propósito divino y llegue a su consumación.

La catolicidad


La palabra «católico», compuesta de las griegas kato y holon significa general, universal, total (lat. secundum totum: San Agustín). Ignacio de Antioquía fue el primero que usó la palabra katholikos para la Iglesia de Cristo (Carta a los Esmirnotas 8, 2). Dice: «Donde está Jesucristo, está la Iglesia católica.» (sigue...)

El Papa Francisco


Mucho se ha hablado del papa Francisco en los poquísimos días que han transcurrido desde su elección. Se puede decir, con toda propiedad, que este Papa está dando que hablar. Pero esta vez para bien. Sus gestos y sus palabras están sorprendiendo a todos por la hondura con la que apuntan a lo esencial del Evangelio: vivir pobremente sirviendo a los más pobres.
La esperanza e ilusión que ha despertado el papa proceden de que ha iniciado una reforma de la Iglesia tanto en contenido como en forma: en contenido, porque se ha centrado en el núcleo originario del mensaje y la vida de Jesús: la opción preferencial por los pobres; en forma, porque en vez de cambiar la Iglesia a base de normas lo está haciendo a golpe de testimonio, con su ejemplo de vida, por contagio.

Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia



En la religión judía la gente estaba acostumbrada a pensar en Dios como una roca. El profeta Isaías también se refiere a Abraham y Sara como una roca. Dadas estas asociaciones con la palabra, Jesús le hace un gran honor a Pedro cuando lo identifica con una Roca: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. Pero, ¿qué piedra? ¿Es la confesión de fe de Pedro en que Jesús es el Hijo de Dios? ¿O es Pedro mismo en persona?

El reino de Dios



Jesús dedicó su vida a anunciar y hacer realidad el “reino de Dios”. Esta expresión quiere decir que Dios está ya actuando para ejercer su soberanía y hacer que las cosas sean como él desea. En la mentalidad de Israel el deseo de Dios es gobernar como un rey que defienda al débil y al oprimido, que traiga la justicia y la paz. Cuando Jesús anuncia que ya ha llegado el reino de Dios quiere decir que por fin se va a implantar una situación anhelada por todos los descontentos, para los desheredados, para los pobres, para los explotados, para los marginados e indefensos. En definitiva, el reino supone la denuncia del actual sistema establecido y, en consecuencia, la llegada de una nueva sociedad, una sociedad digna de las personas en la que se implante la igualdad, la libertad y la solidaridad.
Por supuesto, este ideal no se reduce a un mero proyecto de justicia social por dos motivos. En primer lugar, porque solamente alcanzará su realización definitiva en la plenitud de la vida con Dios. El reino es una tarea del ser humano que debe ir construyéndolo ya aquí en la tierra, pero solo culminará en la vida en el más allá porque es un regalo de Dios. Además, esa sociedad nueva no se conseguirá si no es mediante una conversión interior de cada una de las personas: cada uno debe convertirse de corazón y vivir desde los valores y actitudes que Dios quiere. Solo se podrá cambiar el mundo cuando todos personalmente cambiemos por dentro.

Sor Lucía Caram entrevistada por Jordi Évole


Los dones del Espíritu Santo